La virtud del error

Imagen¿Qué pasa cuando todos los conocimientos que podemos adquirir o acceder no son suficientes y enfrentamos un fracaso?  El fracaso siempre será relativo, en la medida en la tengamos la serenidad para reconocer nuestras fallas y aprender de nuestros errores.  El éxito no es más que un resultado erróneo en una cadena indefinida de fracasos, o sea, que para que tengamos éxito primero debemos haber fracasado, o haber estado cerca de ello.

En la cultura occidental siempre se nos hace ver que el fracaso es algo malo, que nosotros debemos alcanzar la excelencia, y entendiendo por ella la nulidad de fracasos o errores en nuestros esfuerzos.  Se nos dice que el éxito radica en lograr nuestros objetivos rápido y barato, pero no se nos menciona del enorme beneficio que las fallas, parciales o generales, representan en nuestro camino al triunfo.  En las películas, el héroe siempre obtiene lo que quiere, y como es extraordinario, lo consigue sin siquiera despeinarse.  Esto nos envía un mensaje equivocado, ya que por principio de cuentas, si verdaderamente nunca falláramos, nunca conoceríamos las variantes que debemos controlar para ocasiones posteriores, y por el otro, seríamos tan aplastantes que nadie se querría enfrentar a nosotros.

Thomas A. Edison decía: “No he fracasado 99 veces, he descubierto 99 formas de cómo no hacer las cosas”.  El fracaso es una cuestión mental, que nos puede limitar al disminuir nuestro impulso, o auxiliar en el caso de que lo veamos como uno más de los puntos que debemos visitar en el interminable proceso de formación y de persecución de nuestras metas.  El fracaso nos lleva a la primera herramienta que todos debemos poseer en nuestra caja, la experiencia, misma que se enriquece más de las fallas que de los aciertos, por lo que es importante aprender a aceptar y aprovechar los fracasos, volverlos parciales y utilizarlos para alcanzar siempre el éxito.

Aquel que entiende así el fracaso es quien ya lo ha superado.  Es la persona que puede entender que si no existieran limitaciones, no habría desafío, y entonces no habría necesidad de que él estuviera ahí, en ese lugar y en ese momento.  Convertir los reveses en escalones es uno de los talentos que todo líder debe adquirir.

No existe tal cosa llamada fracaso, a no ser que, además de haber cometido un error, no tuviéramos la capacidad de aprehender la situación y su contexto, habiendo entonces fallado en la prueba.  ¡No dudemos pues en emprender la acción, pues siempre será mejor fallar por exceso que por defecto, salvo en el caso del reposo!

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