¿El cielo es el límite?

Es época de renovarse, de repasar y reafirmar aquello que queremos, y de desechar aquello que no nos sirve o nos hará crecer en menor medida.

Cuando lo pensamos con nuestra mente racional, siempre que nos planteamos un nuevo objetivo, tendemos a poner un cierto límite, algo que nos evite viajar demasiado lejos y que nos mantenga “con los pies en la tierra”.  Y si después de ello le damos entrada a nuestro miedo, entonces tenemos una combinación maravillosa que nos restringe a no planear más allá de nuestras narices.

¿Porqué nos ponemos límites?  Principalmente porque en otras ocasiones hemos sufrido, nos hemos enfrentado a una realidad distinta de lo que habíamos visualizado y porque no teníamos la suficiente experiencia.  Además de esto, cuando compartimos nuestros planes con la gente, siempre nos enfrentamos a comentarios del tipo negativo en el que nos advierten que las cosas no son tan sencillas, que es prudente disminuir las expectativas, cosa así.

Esto, como siempre, tiene su lado positivo y su lado negativo.  En la parte positiva podemos ver que el limitarnos nos evita sufrimiento, no deja que algo “malo” nos pase.  Sin embargo, ¡no se puede hacer un omelet sin romper algunos huevos!

Dentro del lado negativo, estos límites nos hacen bajar el nivel de nuestra expectativa, y por lo tanto, de nuestro resultado.  Si en lugar de intentar ganar un millón nos planteamos la meta de ganar cien mil, estamos siendo más realistas, pero suponiendo que en cualquier caso ganáramos el 80% de la cifra, en lugar de lograr 80,000, podríamos haber ganado 800,000.

Panneau de signalisation routière B33 (France)...

Los límites nos impiden desarrollar nuestro máximo potencial  (Photo credit: Wikipedia)

Existen muchos factores que nos impiden alcanzar cualquier meta que nos propongamos, pero hay otros factores que nos ayudan.  ¿Qué pasa cuando en la escuela estudiábamos lo suficiente para sacar 80?  Que si fallábamos quedábamos por debajo de nuestro nivel “aceptable”.  ¿Pasaba lo mismo cuando estudiábamos para obtener el 100?  ¡No!  Porque el esfuerzo que hacíamos era mayor y aunque no lo alcanzáramos quedábamos en un nivel que nos satisfacía más.

En resúmen, limitar nuestros objetivos nos evita sufrimiento, pero también aprendizaje y experiencia.  Si permitimos a nuestra mente volar, nuestra motivación será de ese tamaño, posiblemente infinita, cosa que no sucede si comenzamos a encerrarla en una jaula.

¿Qué tanto te limitaste para tus objetivos de este 2013? ¿No te gustaría considerar otro poco?

 

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