Mi diálogo interior

Cuando vivo una situación que me saca de la zona de confort, ya sea algo agradable o no, siempre se arranca en mi mente un diálogo.

En algunas ocasiones ese diálogo es una imaginación del diálogo que tendré una vez que mi interlocutor termine de hablar.  En otras, es sólo un conjunto de recriminaciones o consejos que me doy a mí mismo, pero como si me los estuviera diciendo alguien más.

Alimentando este diálogo interno, lo que logro son varias cosas:

  • No escuchar a la otra parte.  Casi siempre que tengo un diálogo interno, este ocupa mi mente y mi atención, razón por la que dejo de escuchar y observar atentamente lo que pasa a mi alrededor y a quien me está hablando o manifestando algo.

    Diálogo

    Diálogo (Photo credit: Wikipedia)

  • Aumentando la sensación que estoy teniendo.  Por lo general, cuando algo me agrada, comienzo a decirme lo bien que se siente, o lo maravilloso que será cuando esto sea mayor.  Si al contrario, me hace sentir enojado (que probablemente se deba a algún miedo reprimido), empiezo a decirme lo enojado que estoy, y que debería estar, ya que no debo permitirlo, o debo defenderme, etc.
  • Desvío mis energías.  Ya que en lugar de vivir en el momento presente, me encuentro proyectando hacia un futuro inexistente.  Por lo general, empiezo a divagar acerca de esta situación, diciéndome internamente lo que sucederá, como si ya fuera un hecho ineludible.
  • Cedo la iniciativa.  Cuando tengo un diálogo así, por lo general dejo que la otra parte tenga el control de la situación, ya que le permito estar atento a mí y a mís reacciones, y si es una persona con un mínimo de habilidad para manejar la oportunidad, puede tomar todo el control.
  • Desperdicio la oportunidad de mejorar mi vida.  En principio, estoy dejando de aprender una lección, y además, estoy viviendo fuera del momento, por lo que mi vida deja de ser real, y se transforma en una fantasía alejada del entorno.  Dejo de ser yo, y dejo que una parte de mi personalidad viva y actúe la situación.

Como podemos ver, las consecuencias de escuchar esa voz interna que habla y habla cuando debo estar atento, no necesariamente son agradables.  De hecho, debemos escuchar a nuestra conciencia cuando nadie más nos habla, o cuando no debemos tener nuestros sentidos dispuestos y receptivos; de lo contrario, lo que sucede es que dejamos para después el momento presente, por paradójico que esto suene.

¿Qué tanto escuchas a tu voz interior?  ¿Será siempre tu conciencia, o en ocasiones es tu ego vanidoso?

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